Sembrar y segar
Sowing and Reaping
Moody trata la siembra y la siega como una ley que se cumple sola, la desarrolla en cuatro reglas, y termina en la pregunta que casi nadie quiere responder: qué hace el perdón con la cosecha ya sembrada.
“No os engañéis; Dios no puede ser burlado; pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.”
Este pasaje también está en versículos para tomar decisiones.
- Pasaje
- Gálatas 6:7
- Predicado
- Publicado en 1896
- Lugar
- Chicago
Moody abre diciendo que este pasaje no necesita defensa: basta el periódico del día para verlo cumplirse. Cuenta que una vez, al anunciar el texto, un hombre se levantó en medio de la reunión a decir «no lo creo». Al salir lo esperaba un agente para detenerlo por robo.
No es un sermón suelto sino una serie, y avanza como una demostración: cada capítulo es una regla de la misma ley, y las reglas se van cerrando hasta dejar una sola salida.
Se siega lo mismo que se siembra
La primera regla es la de Génesis: cada semilla según su especie. Nadie siembra pepinos y recoge nabos, y a nadie le extraña. Lo raro, dice Moody, es esperar que la vida funcione de otra manera.
Aquí cuenta la fábula de Lukman, el criado que sembró avena esperando que saliera cebada. Cuando el amo le pregunta qué locura es esa, el criado responde: la misma que la tuya, que siembras mal en el mundo y esperas segar virtud el día de la resurrección.
Se siega más de lo que se siembra
La segunda regla es la de la multiplicación: se siembra un grano y se cosecha a ciento por uno. Moody cita el proverbio español entero: siembra un pensamiento y segarás un acto; siembra un acto y segarás un hábito; siembra un hábito y segarás un carácter; siembra un carácter y segarás un destino.
Sus ejemplos van de menos a más: el cardo que voló desde la cubierta de un barco y cubrió una isla entera, el vaso que acaba en muerte de borracho, la mentira que arruina una carrera. Ninguna cosecha tiene el tamaño de su semilla.
No saber qué se siembra no cambia nada
La tercera regla es la más incómoda: la ignorancia no altera la cosecha. Si creo que siembro buena semilla y es mala, la cosecha será mala igualmente. La conclusión de Moody no es el miedo sino la diligencia: mirar qué se está sembrando, sobre todo en casa.
Aquí aprieta con preguntas directas: padre, ¿qué semilla estás sembrando en tu familia? Y cuenta la del hombre que no quiso hablarle de fe a su hijo para no influirle, hasta que el niño se rompió un brazo y soltó maldiciones mientras el médico lo curaba. Algo se le había sembrado igualmente.
El perdón y la cosecha
La última regla responde a la objeción obvia: si Dios perdona al que confiesa, ¿en qué queda lo de segar lo sembrado? Moody responde con la parábola del criado que mezcló cardos con el trigo por despecho y luego pidió perdón. El amo se lo concede, y añade: pero los cardos los segarás tú, junto con el trigo.
Es su manera de sostener las dos cosas a la vez, sin rebajar ninguna: el perdón es real y la cosecha también. Muchos cristianos, dice, están segando cardos con su trigo, sembrados veinte años atrás.
En sus palabras
“Truth is truth whether you believe it or not, and a lie is a lie whether you believe it or not.”
La verdad es verdad la creas o no, y la mentira es mentira la creas o no.
“Sow a thought and reap an act. Sow an act, and reap a habit. Sow a habit, and reap a character. Sow a character and reap a destiny.”
Siembra un pensamiento y segarás un acto. Siembra un acto y segarás un hábito. Siembra un hábito y segarás un carácter. Siembra un carácter y segarás un destino.
Este es un resumen nuestro. El sermón completo de D. L. Moody está en SermonIndex. Es de dominio público: puedes leerlo entero sin pagar nada.
